Colmado
Por Daniel Toribio
El Banco Central insiste en que la economía dominicana mantiene fundamentos sólidos frente al choque petrolero internacional. Reservas elevadas, turismo dinámico, crecimiento de 4 % en el primer cuatrimestre e inflación subyacente dentro del rango meta forman parte de esa narrativa.
El problema es otro.
Ese desfase explica por qué muchas familias sienten estabilidad oficial y deterioro doméstico al mismo tiempo.
La estabilidad macroeconómica no está llegando al colmado, al transporte público ni al salario de buena parte de la población.
La inflación interanual de abril alcanzó 5.11 %, por encima del límite superior del rango meta. La explicación oficial se concentra en el petróleo y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Ese factor existe. Pero no basta para explicar lo que ocurre dentro de la economía dominicana.
El propio Banco Central reconoce aumentos en transporte, motoconchos, alquileres, comidas fuera del hogar y varios productos básicos. También admite que parte de la estabilidad reciente dependió de contener administrativamente combustibles y tarifas reguladas para amortiguar el choque externo.
Eso ayuda temporalmente a moderar el IPC, pero no elimina el costo. Lo desplaza hacia subsidios, presión fiscal o ajustes posteriores.
La comparación regional debilita el discurso oficial. Costa Rica registró inflación negativa en abril. El Salvador se mantuvo cerca de 2 %. Panamá continuó con inflación baja. Todos importan combustibles y enfrentan el mismo entorno internacional.
La diferencia está en cuánto del choque absorben sus economías y cuánto termina trasladándose directamente al consumidor.
El impacto social en República Dominicana es más severo porque coincide con salarios insuficientes y un deterioro reciente en la distribución del ingreso. En abril de 2026, la canasta básica del primer quintil costó RD$29,457.90. El salario mínimo en empresas pequeñas fue de RD$18,421 y el de las microempresas RD$16,993.20.
Eso significa que miles de trabajadores quedan debajo del costo mínimo de subsistencia incluso antes de cubrir transporte, medicinas, alquiler o cualquier emergencia familiar. Se suma un dato preocupante: la desigualdad volvió a aumentar. El coeficiente de Gini pasó de 0.386 en 2024 a 0.389 en 2025. El crecimiento económico continúa sin traducirse en mejoras ampliamente compartidas.
La inflación no golpea igual a todos.
Los hogares de mayores ingresos pueden reorganizar consumo, ahorrar o amortiguar aumentos. Los hogares pobres no tienen esa flexibilidad. Viven más expuestos al precio del transporte, los alimentos, el agua y la electricidad. Reducir la inflación al petróleo es cómodo, pero incompleto. El país también enfrenta problemas internos: mercados poco competitivos, altos costos de intermediación, debilidades logísticas y escasa vigilancia sobre márgenes y cadenas de distribución.
La estabilidad macroeconómica importa. Pero para millones de dominicanos la verdadera medida de la economía sigue siendo otra: cuánto alcanza el salario después de ir al mercado.