Roberto Gámez
Por Roberto Gómez
La violencia contra la mujer continúa siendo una de las expresiones más dolorosas de la crisis social que enfrenta la República Dominicana. Durante el año 2025, los feminicidios volvieron a cobrar la vida de decenas de mujeres en distintos puntos del país, dejando a su paso familias destruidas, comunidades consternadas y una alarmante cantidad de niños huérfanos.
De acuerdo con datos oficiales y reportes de organismos de seguridad y derechos humanos, en 2025 se registraron múltiples casos de feminicidio, la mayoría ocurridos en el entorno íntimo de las víctimas. Parejas o exparejas sentimentales fueron señaladas como responsables en un alto porcentaje de los hechos, evidenciando la persistencia de patrones de violencia machista, control y posesión que siguen cobrando vidas.
Uno de los impactos más devastadores de estos crímenes es la niñez que queda en situación de orfandad. Cada feminicidio no solo representa la pérdida irreparable de una mujer, sino también la ruptura de hogares completos, donde hijos e hijas quedan marcados de por vida por la violencia extrema.
El 2026 inició con una nueva tragedia que vuelve a encender las alarmas. En la madrugada del 2 de enero, una mujer fue asesinada por su pareja sentimental en el sector Gualey, del Distrito Nacional. El hecho, ocurrido tras una discusión, dejó en la orfandad a tres niños menores de edad, de 11, 8 y 5 años, convirtiéndose en el primer feminicidio registrado en el país en este nuevo año.
El caso de Gualey refleja una realidad que se repite: conflictos no atendidos a tiempo, señales de violencia ignoradas y una respuesta tardía que termina en un desenlace fatal. A pesar de los esfuerzos institucionales, los mecanismos de prevención, protección y acompañamiento a mujeres en situación de riesgo siguen siendo insuficientes para frenar esta espiral de violencia.
Organizaciones sociales y defensoras de los derechos de las mujeres han reiterado la urgencia de fortalecer las políticas públicas de prevención, mejorar la atención a las denuncias de violencia intrafamiliar y garantizar apoyo psicológico, legal y económico tanto a las víctimas como a los niños que quedan desamparados tras estos crímenes.
Mientras el país suma estadísticas y lamenta nuevas pérdidas, los feminicidios continúan siendo una deuda pendiente del Estado y de la sociedad en su conjunto. El inicio de 2026, marcado por la tragedia en Gualey, recuerda que la lucha contra la violencia de género no admite pausas y que cada vida perdida exige acciones concretas para que no se repita la historia.